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A 30 AñOS DE LA MUERTE DE MANUEL J. CASTILLA
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A 30 AñOS DE LA MUERTE DE MANUEL J. CASTILLA
El folklore del paisaje y el hombre
Fue poeta, periodista y titiritero. El impulso de nombrar lo propio de otra manera lo convirtió en un referente de la proyección folklórica. Junto a Cuchi Leguizamón consolidó una de las duplas creativas más formidables de la música popular argentina.
Por Santiago Giordano
Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Manuel J. Castilla, poeta, periodista, titiritero; una de las voces más genuinas entre las que a partir de la década del ‘40 refundaron la poesía del Noroeste desde una percepción más compleja y otra problematización del paisaje y su gente. Su poesía se deslizó también en canciones que marcaron un clasicismo para la proyección folklórica.
Castilla nació el 14 de agosto de 1918, en la casa de la estación ferroviaria de Cerrillos, Salta, donde su padre, Ricardo Anselmo Castilla, era jefe. Sin terminar el Colegio Salesiano –se cuenta que tuvo que repetir tres veces primer año– y ya encandilado por el hábito de escribir versos, a los 18 años entró a trabajar en El Intransigente, el diario salteño fundado en 1920 por David Michel Torino. En la redacción que en 35 años compartiría con Raúl Aráoz Anzoátegui, Miguel Angel Pérez, Walter Adet, Jacobo Regen, comenzó pasando listas de farmacias de turno y resultados de las divisiones inferiores del fútbol, hasta llegar a ser uno de sus más refinados columnistas. También trabajó como titiritero, primero con Jaime Dávalos y luego con Carlos “Pajita” García Bes. Se casó con María Catalina Raspa, con quien tuvo dos hijos, Leopoldo (Teuco) y Gabriel (Huayra).
Cuando el impulso de nombrar lo propio de otra manera se instalaba en la poesía de Latinoamérica –Pablo Neruda ya había publicado Residencia en la tierra, por ejemplo–, un grupo de poetas y pintores se reunió en torno de la revista La carpa, que se editó en San Miguel de Tucumán entre 1943 y 1948. Junto a Castilla estaban el jujeño Raúl Galán –artífice principal del movimiento– y Aráoz Anzoátegui, además de María Adela Agudo, Julio Ardiles Gray y Nicandro Pereyra, entre otros. El ardor juvenil y cierta vocación iconoclasta de quienes entusiasmados pensaban que el verso libre y la prosa poética podían ser el inicio de todo, desembocó en un programa estético tan claro como vehemente. “Creemos que la poesía tiene tres dimensiones: belleza, afirmación y vaticinio” comenzaba el manifiesto del grupo, redactado por Galán, en el que también se afirmaba: “Creemos que la poesía es flor de la tierra, en ella se nutre y se presenta como una armoniosa resonancia de las vibraciones telúricas. (...) Nosotros preferimos el galardón de la poesía buscando las esencias más íntimas del paisaje e interesándonos de verdad por la tragedia del indio, al que amamos y contemplamos como un prójimo, no como un elemento decorativo. Nada debemos a los falsos folkloristas. Tenemos conciencia de que en esta parte del país la poesía comienza con nosotros.” Acaso le estaban hablando a Juan Carlos Dávalos, que desde Salta había sacralizado las formas de la poesía clásica y en cuyas tertulias aleccionadoras había sabido demorarse un Castilla adolescente. “Así como Dávalos cultivó el Siglo de Oro español y literariamente no avanzó un paso más aquí del siglo XIX (a lo más que llegó al final de su vida, fue al verso blanco), la generación de La carpa estuvo atenta a su época y tuvo la tarea de absorber y utilizar sus aportes, especialmente a Neruda y Vallejo, la generación española del ’27 y, un poco más allá, aunque sin exagerar, el impulso descolocador del surrealismo”, explica Santiago Sylvester en el ensayo que introduce El gozante, una antología de Castilla publicada por Colihue. La revista Angulo, en Salta, y más tarde Tarja, en Jujuy, prolongaron la línea de La carpa, con Jorge Calvetti, Mario Busignani, Héctor Tizón y artistas plásticos como Medardo Pantoja y, en los años en los que vivió en Salta, Héctor Bernabó, el pintor, dibujante y muralista que sería emblema de la pintura del nordeste brasileño con el nombre de Carybé. A esa expansión cultural se sumaron también los músicos Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Juan José Botelli.
Por esos años también la proyección folklórica contemplaba ambiciones renovadoras. En 1948 Jaime Dávalos y Eduardo Falú habían compuesto “La Candelaria”, una zamba que prueba la posibilidad de elaborar metáforas en la canción vernácula; ese mismo año se formaba en Salta Los Chalchaleros, una revolución que en poco tiempo llegó a encarnar las prerrogativas perpetuas de la tradición; desde mucho antes Yupanqui había actualizado la estampa del payador peregrino y Buenaventura Luna había instalado el folklore en las radios. En ese contexto, como muchos de los poetas de esa generación, Castilla trasladó sus asombros por el paisaje y sus hombres al emporio de la canción. A mediados de la década del ’50, cuando ya había publicado Luna muerta (1943), La niebla y el árbol (1946), Copajira (1949), La tierra de uno (1951) y Norte adentro (1954), escribió junto al “Cuchi” Leguizamón la “Zamba del pañuelo”. Fue su primer aporte a un repertorio folklórico que escuchaba sus propias expansiones y el comienzo de una colaboración que con títulos como “Maturana”, “La pomeña”, “Zamba de Lozano”, “Zamba de Juan Panadero”, “Carnavalito del duende”, “Juan del Monte”, “Canción del que no hace nada”, entre muchas otras, consolidó una de las duplas más formidables de la música argentina.
El “Barbudo”, como le decían, escribió también las glosas para el programa El corazón de tierra de la guitarra, que Eduardo Falú tenía en Radio El Mundo y, junto a César Perdiguero, para El canto cuenta su historia, con Los Fronterizos. En colaboración con Falú escribió además “La volvedora” y “No te puedo olvidar”, por ejemplo, y logró cosas maravillosas con Rolando “Chivo” Valladares, como “Canción de las cantinas”, “Bajo el sauce solo” y “Zamba del romero”, entre otras. “Con el Barba Castilla nos habremos visto cinco o seis veces, podría contar las veces a través del número de canciones que hicimos juntos (...) El me decía, vamos al mercado a encontrarnos con la gente. Era amigo del lechero, del panadero, del que vendía pescado, de ahí sacaba las cosas, de la comunicación diaria con el pueblo. El Barbudo era una continuidad con su poesía”, lo recuerda Valladares en la edición de su cancionero, transcripto por Leopoldo Deza y editado en 2006 por la Universidad Nacional de Tucumán.
De la voz a la palabra y otra vez a la voz, la poesía de Castilla conserva los reflejos de la cultura oral de una tierra que canta desde hace miles de años. Hay una resaca coplera, voces anónimas que braman y mancomunan lo escrito con lo cantado. Detrás de las zambas retumban viejas zambas y si su primera persona se deja devorar por las piedras, la arena o el verde es para ser el paisaje, tan quieto y milenario, y desde allí escribir el árbol, el río, los pájaros, mirar a la gente y los oficios y los carnavales, con sus propias palabras. En el viaje inmóvil de su plan poético, Castilla no enunciaba reivindicaciones; su orgullo era recorrer su lugar, el Norte, inventarlo tal como es, apartarlo de las circunstancias del tiempo, ser arte y parte. “...si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad...”, dice en “El gozante”. El poeta es un punto preciso en la tierra que sin embargo súbito se traduce hacia el universo.
De solo estar (1957), El cielo lejos (1959), Bajo las lentas nubes (1963), Amantes bajo la lluvia (1963), Posesión entre pájaros (1966), Andenes al ocaso (1967), Tres veranos (1970), El verde vuelve (1970), Cantos del gozante (1972), Triste de la lluvia (1977) y Cuatro carnavales (1979) completan una obra poética que entre otros galardones mereció en 1973 el Primer Premio Nacional de Poesía y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, entonces dirigida por Dardo Cúneo. Ese mismo año, la Universidad Nacional de Salta lo nombró Doctor Honoris Causa.
“Seguramente desde hace muchos siglos, el alma de Manuel Castilla vaga por las tierras de Salta. ¿Cómo explicarse, si no, la lucidez, la honda certeza, la bella seguridad con que el Barbudo ha expresado su Norte?”, escribe Jorge Calvetti en la contratapa de un disco que rescata algunos poemas dichos por el mismo Castilla, con un acento que también es paisaje. Un 19 de julio de hace 30 años, el poeta moría en el lugar donde pasó toda su vida. Hoy lo justifican sus poemas y lo recuerdan sus canciones.
Fue poeta, periodista y titiritero. El impulso de nombrar lo propio de otra manera lo convirtió en un referente de la proyección folklórica. Junto a Cuchi Leguizamón consolidó una de las duplas creativas más formidables de la música popular argentina.
Por Santiago Giordano
Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Manuel J. Castilla, poeta, periodista, titiritero; una de las voces más genuinas entre las que a partir de la década del ‘40 refundaron la poesía del Noroeste desde una percepción más compleja y otra problematización del paisaje y su gente. Su poesía se deslizó también en canciones que marcaron un clasicismo para la proyección folklórica.
Castilla nació el 14 de agosto de 1918, en la casa de la estación ferroviaria de Cerrillos, Salta, donde su padre, Ricardo Anselmo Castilla, era jefe. Sin terminar el Colegio Salesiano –se cuenta que tuvo que repetir tres veces primer año– y ya encandilado por el hábito de escribir versos, a los 18 años entró a trabajar en El Intransigente, el diario salteño fundado en 1920 por David Michel Torino. En la redacción que en 35 años compartiría con Raúl Aráoz Anzoátegui, Miguel Angel Pérez, Walter Adet, Jacobo Regen, comenzó pasando listas de farmacias de turno y resultados de las divisiones inferiores del fútbol, hasta llegar a ser uno de sus más refinados columnistas. También trabajó como titiritero, primero con Jaime Dávalos y luego con Carlos “Pajita” García Bes. Se casó con María Catalina Raspa, con quien tuvo dos hijos, Leopoldo (Teuco) y Gabriel (Huayra).
Cuando el impulso de nombrar lo propio de otra manera se instalaba en la poesía de Latinoamérica –Pablo Neruda ya había publicado Residencia en la tierra, por ejemplo–, un grupo de poetas y pintores se reunió en torno de la revista La carpa, que se editó en San Miguel de Tucumán entre 1943 y 1948. Junto a Castilla estaban el jujeño Raúl Galán –artífice principal del movimiento– y Aráoz Anzoátegui, además de María Adela Agudo, Julio Ardiles Gray y Nicandro Pereyra, entre otros. El ardor juvenil y cierta vocación iconoclasta de quienes entusiasmados pensaban que el verso libre y la prosa poética podían ser el inicio de todo, desembocó en un programa estético tan claro como vehemente. “Creemos que la poesía tiene tres dimensiones: belleza, afirmación y vaticinio” comenzaba el manifiesto del grupo, redactado por Galán, en el que también se afirmaba: “Creemos que la poesía es flor de la tierra, en ella se nutre y se presenta como una armoniosa resonancia de las vibraciones telúricas. (...) Nosotros preferimos el galardón de la poesía buscando las esencias más íntimas del paisaje e interesándonos de verdad por la tragedia del indio, al que amamos y contemplamos como un prójimo, no como un elemento decorativo. Nada debemos a los falsos folkloristas. Tenemos conciencia de que en esta parte del país la poesía comienza con nosotros.” Acaso le estaban hablando a Juan Carlos Dávalos, que desde Salta había sacralizado las formas de la poesía clásica y en cuyas tertulias aleccionadoras había sabido demorarse un Castilla adolescente. “Así como Dávalos cultivó el Siglo de Oro español y literariamente no avanzó un paso más aquí del siglo XIX (a lo más que llegó al final de su vida, fue al verso blanco), la generación de La carpa estuvo atenta a su época y tuvo la tarea de absorber y utilizar sus aportes, especialmente a Neruda y Vallejo, la generación española del ’27 y, un poco más allá, aunque sin exagerar, el impulso descolocador del surrealismo”, explica Santiago Sylvester en el ensayo que introduce El gozante, una antología de Castilla publicada por Colihue. La revista Angulo, en Salta, y más tarde Tarja, en Jujuy, prolongaron la línea de La carpa, con Jorge Calvetti, Mario Busignani, Héctor Tizón y artistas plásticos como Medardo Pantoja y, en los años en los que vivió en Salta, Héctor Bernabó, el pintor, dibujante y muralista que sería emblema de la pintura del nordeste brasileño con el nombre de Carybé. A esa expansión cultural se sumaron también los músicos Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Juan José Botelli.
Por esos años también la proyección folklórica contemplaba ambiciones renovadoras. En 1948 Jaime Dávalos y Eduardo Falú habían compuesto “La Candelaria”, una zamba que prueba la posibilidad de elaborar metáforas en la canción vernácula; ese mismo año se formaba en Salta Los Chalchaleros, una revolución que en poco tiempo llegó a encarnar las prerrogativas perpetuas de la tradición; desde mucho antes Yupanqui había actualizado la estampa del payador peregrino y Buenaventura Luna había instalado el folklore en las radios. En ese contexto, como muchos de los poetas de esa generación, Castilla trasladó sus asombros por el paisaje y sus hombres al emporio de la canción. A mediados de la década del ’50, cuando ya había publicado Luna muerta (1943), La niebla y el árbol (1946), Copajira (1949), La tierra de uno (1951) y Norte adentro (1954), escribió junto al “Cuchi” Leguizamón la “Zamba del pañuelo”. Fue su primer aporte a un repertorio folklórico que escuchaba sus propias expansiones y el comienzo de una colaboración que con títulos como “Maturana”, “La pomeña”, “Zamba de Lozano”, “Zamba de Juan Panadero”, “Carnavalito del duende”, “Juan del Monte”, “Canción del que no hace nada”, entre muchas otras, consolidó una de las duplas más formidables de la música argentina.
El “Barbudo”, como le decían, escribió también las glosas para el programa El corazón de tierra de la guitarra, que Eduardo Falú tenía en Radio El Mundo y, junto a César Perdiguero, para El canto cuenta su historia, con Los Fronterizos. En colaboración con Falú escribió además “La volvedora” y “No te puedo olvidar”, por ejemplo, y logró cosas maravillosas con Rolando “Chivo” Valladares, como “Canción de las cantinas”, “Bajo el sauce solo” y “Zamba del romero”, entre otras. “Con el Barba Castilla nos habremos visto cinco o seis veces, podría contar las veces a través del número de canciones que hicimos juntos (...) El me decía, vamos al mercado a encontrarnos con la gente. Era amigo del lechero, del panadero, del que vendía pescado, de ahí sacaba las cosas, de la comunicación diaria con el pueblo. El Barbudo era una continuidad con su poesía”, lo recuerda Valladares en la edición de su cancionero, transcripto por Leopoldo Deza y editado en 2006 por la Universidad Nacional de Tucumán.
De la voz a la palabra y otra vez a la voz, la poesía de Castilla conserva los reflejos de la cultura oral de una tierra que canta desde hace miles de años. Hay una resaca coplera, voces anónimas que braman y mancomunan lo escrito con lo cantado. Detrás de las zambas retumban viejas zambas y si su primera persona se deja devorar por las piedras, la arena o el verde es para ser el paisaje, tan quieto y milenario, y desde allí escribir el árbol, el río, los pájaros, mirar a la gente y los oficios y los carnavales, con sus propias palabras. En el viaje inmóvil de su plan poético, Castilla no enunciaba reivindicaciones; su orgullo era recorrer su lugar, el Norte, inventarlo tal como es, apartarlo de las circunstancias del tiempo, ser arte y parte. “...si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad...”, dice en “El gozante”. El poeta es un punto preciso en la tierra que sin embargo súbito se traduce hacia el universo.
De solo estar (1957), El cielo lejos (1959), Bajo las lentas nubes (1963), Amantes bajo la lluvia (1963), Posesión entre pájaros (1966), Andenes al ocaso (1967), Tres veranos (1970), El verde vuelve (1970), Cantos del gozante (1972), Triste de la lluvia (1977) y Cuatro carnavales (1979) completan una obra poética que entre otros galardones mereció en 1973 el Primer Premio Nacional de Poesía y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, entonces dirigida por Dardo Cúneo. Ese mismo año, la Universidad Nacional de Salta lo nombró Doctor Honoris Causa.
“Seguramente desde hace muchos siglos, el alma de Manuel Castilla vaga por las tierras de Salta. ¿Cómo explicarse, si no, la lucidez, la honda certeza, la bella seguridad con que el Barbudo ha expresado su Norte?”, escribe Jorge Calvetti en la contratapa de un disco que rescata algunos poemas dichos por el mismo Castilla, con un acento que también es paisaje. Un 19 de julio de hace 30 años, el poeta moría en el lugar donde pasó toda su vida. Hoy lo justifican sus poemas y lo recuerdan sus canciones.

toroñaró-

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Fecha de inscripción: 14/03/2008
CARTAS DE AMOR
...es el poema de Castilla que se me ocurre recordar en este día apuntado por Toro.
EL HOMBRE, SOMBRÍO, SUBIÓ HASTA LA TERRAZA,
ENCENDIÓ UN FUEGO
Y PUSO ENTRE SUS LLAMAS UNAS CARTAS DE AMOR.
LLOVIZNABA EN EL FUEGO.
SU CORAZÓN
COMO UN BOSQUE EN OTOÑO
TENÍA MUCHOS PÉTALOS SECOS COMO BESOS MUERTOS.
EL HOMBRE, YA ERA UN PÀJARO Y SE IBA
EN EL PAPEL QUEMADO QUE VOLABA.
MANUEL J. CASTILLA
EL HOMBRE, SOMBRÍO, SUBIÓ HASTA LA TERRAZA,
ENCENDIÓ UN FUEGO
Y PUSO ENTRE SUS LLAMAS UNAS CARTAS DE AMOR.
LLOVIZNABA EN EL FUEGO.
SU CORAZÓN
COMO UN BOSQUE EN OTOÑO
TENÍA MUCHOS PÉTALOS SECOS COMO BESOS MUERTOS.
EL HOMBRE, YA ERA UN PÀJARO Y SE IBA
EN EL PAPEL QUEMADO QUE VOLABA.
MANUEL J. CASTILLA
CHUCK-

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Fecha de inscripción: 09/05/2010
Seguramente...
...la poesía del Barbudo que posteó chuck prefiguraba la letra de esta zamba terrible:
Cartas de amor que se queman
Zamba
G.Leguizamón - M.J. Castilla
Ay, niña, no queda nada
de todo lo que soñamos,
nuestro amor son estas llamas
que están quemando mis manos.
Son como un ala de luto
volando, papel quemado,
las cartas donde lloraba
este pecho enamorado.
Flor del olvido,
cartas de amor,
el que las quema no sabe
que enluta su corazón.
Yo no sé por qué la pena
por tus ojos se va lejos
y no sé por qué los míos
se van dolidos con ellos.
Cartas de amor que se queman
flores negras en el viento
le dejan al que ha querido
el corazón ceniciento.
Disfrútenla...si pueden (después de todo ¿quién no quemó cartas de amor alguna vez?)
Cartas de amor que se queman
Zamba
G.Leguizamón - M.J. Castilla
Ay, niña, no queda nada
de todo lo que soñamos,
nuestro amor son estas llamas
que están quemando mis manos.
Son como un ala de luto
volando, papel quemado,
las cartas donde lloraba
este pecho enamorado.
Flor del olvido,
cartas de amor,
el que las quema no sabe
que enluta su corazón.
Yo no sé por qué la pena
por tus ojos se va lejos
y no sé por qué los míos
se van dolidos con ellos.
Cartas de amor que se queman
flores negras en el viento
le dejan al que ha querido
el corazón ceniciento.
Disfrútenla...si pueden (después de todo ¿quién no quemó cartas de amor alguna vez?)

toroñaró-

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CANCION DE LAS MANOS DEL PANADERO
QUÉ BUENO QUE TORO HAYA COMPLETADO LA POESÍA ANTERIOR CON EL TEMA CORRESPONDIENTE SU VIDEO. AHORA LE DOY PIÉ PARA OTRA QUE ÉL SABE, CON ESTA OTRA DEL "BARBA":
PRIMEROS SON SEMILLAS
DESPUÉS SE HACEN ESPIGAS
Y LUEGO
VAN POR LA TIERRA COMO BENDICIENDO.
CALLADAS Y MANSAS COMO SOMBRA DE BUEY
LOS PÁJAROS LA DIGUEN DULCEMENTE
Y CANTAN SOBRE ELLAS
COMO EN LAS RAMAS DE LOS ÁRBOLES.
ALLÍ YA SON CIELO.
MANUEL J. CASTILLA
PRIMEROS SON SEMILLAS
DESPUÉS SE HACEN ESPIGAS
Y LUEGO
VAN POR LA TIERRA COMO BENDICIENDO.
CALLADAS Y MANSAS COMO SOMBRA DE BUEY
LOS PÁJAROS LA DIGUEN DULCEMENTE
Y CANTAN SOBRE ELLAS
COMO EN LAS RAMAS DE LOS ÁRBOLES.
ALLÍ YA SON CIELO.
MANUEL J. CASTILLA
CHUCK-

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De los grandes poetas...
...populares ligados a nuestra música de proyección folklórica, Manuel J. Castilla es el que más me conmueve, probablemente porque creo que escribía desde la humildad.
Días pasados, tomando unos mates en casa de mi amigo Nacho Mamani (salteño hasta la médula) hablábamos de una de las más grandes carencias de nuestro folklore actual: la falta de poetas de la talla de Castilla, Dávalos, Perdiguero, Yupanqui, Tejada Gómez o Lima Quintana, por nombrar a los más conocidos.
Hay muy buenos letristas sin duda, pero no llegan al enorme vuelo poético de los mencionados anteriormente. Tal vez el único poeta viviente que llega a esos niveles sea el mendocino Jorge Sosa.
Es un buen tema para debatir.
Por ahora y como humilde homenaje al Barbudo, les dejo esta zamba de Jorge Marziali cantada por mis queridos Trovadores.
Días pasados, tomando unos mates en casa de mi amigo Nacho Mamani (salteño hasta la médula) hablábamos de una de las más grandes carencias de nuestro folklore actual: la falta de poetas de la talla de Castilla, Dávalos, Perdiguero, Yupanqui, Tejada Gómez o Lima Quintana, por nombrar a los más conocidos.
Hay muy buenos letristas sin duda, pero no llegan al enorme vuelo poético de los mencionados anteriormente. Tal vez el único poeta viviente que llega a esos niveles sea el mendocino Jorge Sosa.
Es un buen tema para debatir.
Por ahora y como humilde homenaje al Barbudo, les dejo esta zamba de Jorge Marziali cantada por mis queridos Trovadores.
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El pueblo es una gran memoria colectiva que rescata todos los mensajes de los náufragos con pedido de ayuda (Leopoldo Marechal)

Ricardo Torres-

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Fecha de inscripción: 29/09/2007
Por cierto...
...me parece excelente la versión de "Cartas de amor que se queman" que nos regala el Toro.
No conocía a los intérpretes, pero me parece que el acompañamiento con el bajo de 6 cuerdas subraya aún más la tristeza de este poema que con maravillosa sencillez describe el desgarro del desamor.
No conocía a los intérpretes, pero me parece que el acompañamiento con el bajo de 6 cuerdas subraya aún más la tristeza de este poema que con maravillosa sencillez describe el desgarro del desamor.
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Ricardo Torres-

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Fecha de inscripción: 29/09/2007
Concuerdo con Ricky...
...(que no es Fort) en que ya no hay -creo que tampoco habrá- poetas como los que él nombra. Las transformaciones ocurridas en casi 70 años en todos los campos de la vida nacional e internacional, en particular el desarrollo de los medios de comunicación y difusión, han sido determinantes para que los cenáculos -intelectuales en general y literarios en particular- fueran desplazados por la información y la "cultura" mediáticas.
Después de haber leído algo sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que el surgimiento de movimientos como "La Carpa", de revistas literarias como "Tarja", agrupamientos regionales que en el NOA vieron nacer a poetas y escritores como Castilla, Juan Carlos Dávalos, Raúl Galán, Jorge Calvetti, Raúl Aráoz Anzoátegui, María Adela Agudo, Walter Adet, Jacobo Regen y tantos otros se debió precisamente al aislamiento que ellos sentían respecto de la "gran cultura nacional" que se cocinaba en Buenos Aires.
Los poetas de hoy -me refiero a los que escriben para la canción- están muy lejos en forma y contenido de aquellos que extrañamos, simplemente porque viven en otros tiempos y circunstancias a pesar de lo cual producen letras poéticas de buen nivel: además de Jorge Sosa podemos mencionar a Fandermole, Marziali, Carnota que también son compositores. Pero debe haber más, aunque que no los conozcamos.
Toroñaró
Después de haber leído algo sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que el surgimiento de movimientos como "La Carpa", de revistas literarias como "Tarja", agrupamientos regionales que en el NOA vieron nacer a poetas y escritores como Castilla, Juan Carlos Dávalos, Raúl Galán, Jorge Calvetti, Raúl Aráoz Anzoátegui, María Adela Agudo, Walter Adet, Jacobo Regen y tantos otros se debió precisamente al aislamiento que ellos sentían respecto de la "gran cultura nacional" que se cocinaba en Buenos Aires.
Los poetas de hoy -me refiero a los que escriben para la canción- están muy lejos en forma y contenido de aquellos que extrañamos, simplemente porque viven en otros tiempos y circunstancias a pesar de lo cual producen letras poéticas de buen nivel: además de Jorge Sosa podemos mencionar a Fandermole, Marziali, Carnota que también son compositores. Pero debe haber más, aunque que no los conozcamos.
Toroñaró

toroñaró-

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Fecha de inscripción: 14/03/2008
YA QUE HABLARON DE POETAS VIVOS
¿César Perdiguero se murió?
Es el autor de MI zamba preferida.
Es el autor de MI zamba preferida.
_________________
Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia. MARICI WEU (Guardianes de la Tierra) Pueblo Mapuche

juanjofer-

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Entre los grandes...
...me olvidé de mencionar a Ariel Petrocelli, quien además sigue escribiendo y presentándose en público.
Tampoco hay que olvidarse de otro grande: Hugo Alarcón.
El
dice que Perdiguero (quien falleció en 1984) es el autor de su zamba favorita. Siempre me dijo que su preferida era El Antigal, de Petrocelli, Toro y el gran Lito Nieva.
Pregunto: ¿cambiaste de preferencia o bien, con que te fumaste?
Me gustan mucho las letras de Fandermole, Carnota y Marziali y yo agregaría también a Teresa Parodi entre los grandes letristas actuales. Lo que me pasa es que siento que son más cronistas que poetas, que hay mucha autenticidad en todos ellos pero que falta ese vuelo, esa capacidad para embellecer los sentimientos y las situaciones con palabras que tenían aquellos.
Ojo, por ahí lo que nos falta es la perspectiva. Tal vez la contemporaneidad con los actuales poetas nos impide ver hoy lo que tal vez podamos valorar mejor dentro de algunos años.
Pero es cierto Toro, era otro contexto y convergieron muchas cosas para que apareciera aquella camada de inmensos poetas.
Lo mismo ocurrió con el tango: Manzi, Discépolo, Cátulo, Expósito, Cadícamo o Celedonio, por nombrar algunos, también fueron producto de una época y unas circunstancias absolutamente diferentes a las actuales. Un poco más acá, la querida e inmensa Eladia es tal vez la que llegó a esos niveles de belleza.
En fin, da para seguir ahondando en el tema.
Otro que tire y pegue...
Tampoco hay que olvidarse de otro grande: Hugo Alarcón.
El
dice que Perdiguero (quien falleció en 1984) es el autor de su zamba favorita. Siempre me dijo que su preferida era El Antigal, de Petrocelli, Toro y el gran Lito Nieva.Pregunto: ¿cambiaste de preferencia o bien, con que te fumaste?
Me gustan mucho las letras de Fandermole, Carnota y Marziali y yo agregaría también a Teresa Parodi entre los grandes letristas actuales. Lo que me pasa es que siento que son más cronistas que poetas, que hay mucha autenticidad en todos ellos pero que falta ese vuelo, esa capacidad para embellecer los sentimientos y las situaciones con palabras que tenían aquellos.
Ojo, por ahí lo que nos falta es la perspectiva. Tal vez la contemporaneidad con los actuales poetas nos impide ver hoy lo que tal vez podamos valorar mejor dentro de algunos años.
Pero es cierto Toro, era otro contexto y convergieron muchas cosas para que apareciera aquella camada de inmensos poetas.
Lo mismo ocurrió con el tango: Manzi, Discépolo, Cátulo, Expósito, Cadícamo o Celedonio, por nombrar algunos, también fueron producto de una época y unas circunstancias absolutamente diferentes a las actuales. Un poco más acá, la querida e inmensa Eladia es tal vez la que llegó a esos niveles de belleza.
En fin, da para seguir ahondando en el tema.
Otro que tire y pegue...
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Ricardo Torres-

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Edad: 56
Ciudad y País de residencia.: Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Fecha de inscripción: 29/09/2007
HERMOSO TEMA
...ESTE DE LOS POETAS ACTUALES Y LA DIFERENCIA CON LOS ANTERIORES, COMO CASTILLA, ARMANDO TEJADA GOMEZ, JAIME DAVALOS, SU PADRE JUAN CARLOS Y SU HERMANO, ARTURO, ENTRE OTROS. DE LOS NUEVOS NO HAY QUE OLVIDAR AL NEGRO VICTOR HEREDIA. ESTO DA PA' UN LARGO DEBATE. ABRAZOS
P/D: EN LA "CANCION DE LAS MANOS DEL PANADERO" TRANSCRIPTA PRECEDENTEMENTE, CUANDO LA LETRA DICE:"DIGUEN", FUE UN ERROR MIO, DEBE LEERSE:"SIGUEN".
P/D: EN LA "CANCION DE LAS MANOS DEL PANADERO" TRANSCRIPTA PRECEDENTEMENTE, CUANDO LA LETRA DICE:"DIGUEN", FUE UN ERROR MIO, DEBE LEERSE:"SIGUEN".
CHUCK-

Cantidad de envíos: 120
Edad: 62
Ciudad y País de residencia.: CATAMARCA
Fecha de inscripción: 09/05/2010
Si Chuck...
...es cierto, el Negro Heredia tiene muy buenas letras en general. Una de las que más me gusta es esta:
Y si pensamos en otro autor muy ligado al folklore aunque no sea un folklorista hay que nombrar a León Gieco.
Seguimos...
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El pueblo es una gran memoria colectiva que rescata todos los mensajes de los náufragos con pedido de ayuda (Leopoldo Marechal)

Ricardo Torres-

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Ciudad y País de residencia.: Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Fecha de inscripción: 29/09/2007
MIGUEL ANGEL PEREZ
QUÉ BUENO EL TEMA DE VICTOR HEREDIA, RICARDO.
DECÍA QUE NO HAY QUE OLVIDARSE DE "PERECITO"(MIGUEL ANGEL PEREZ) CATAMARQUEÑO DE SANTA MARÍA, RADICADO EN SALTA. ES DE LOS POCOS QUE QUEDAN DE AQUELLOS COMO CASTILLA, DÁVALOS, EL CUCHI, VALLADARES, AUNQUE UN POCO MENOR EN CUANTO A LA EDAD, PERO DE ESE ESTILO. QUIEN SE VA A OLVIDAR DE "CARTAS A MI CASA" TAN BIEN DICHO POR CHITO, "SI LLEGA A SERTUCUMANA",CON MÚSICA DEL CUCHI, IGUAL QUE "ZAMBA PARA LA VIUDA" O "ES OTOÑO, MANUEL" , "VIRUTA I' VINO"Y MUCHAS OTRAS TAN BELLAS COMO ESTAS.
ACÁ LES ENVÍO UN POEMA DE "PERECITO"
ANOCHE LO NOMBRAMOS
ANOCHE LO NOMBRAMOS
Y HOY APARECERÁ.
AHORA QUE NO VIENE
RECORDARÁN SU SOMBRA LAS CIUDADES
Y PASARÁ APURADO TRABAJANDO A DESTAJO
PERO CON TIEMPO AÚN
PARA DARNOS UN VINO Y SUS NOTICIAS.
TAL VEZ NOS CUENTE UN CUENTO DE MOYANO.
LE VOLARON LA CASA…
QUE VICTOR HUGO CÚNEO TIENE UN LIBRO MUY BELLO.
A BALAZOS DESTROZARON SU CUERPO…
QUE SPILIMBERGO VOVERÁ EN EL OTOÑO.
LO TIRARON A UN POZO…
QUE EDITÓ UNA PLAQUETA CON SU MUERTE
Y QUE SU MUJER LO ARROPÒ CON LAS FLORES
QUE ÉL LE REGALARA AVERGONZADO.
ANOCHE LO NOMBRAMOS
Y HOY VOLVERÁ ESTE ALBERTO.
AHORA DESDE UN POZO,
CON SU BARRO INJURIADO
Y UN HERMOSO POEMA SOBRE SUS OJOS CLAROS.
MIGUEL ÁNGEL PÉREZ
HAY UNAS GRABACIONES EN YOUTUBE POR EJ, DE ESTO ANTERIOR Y OTROS POEMAS, QUE NO LOS SUBO PORQUE NO SÉ COMO HACERLO. TAREA QUE LES DEJO A UDS. PARA COMPLEMENTAR.
DECÍA QUE NO HAY QUE OLVIDARSE DE "PERECITO"(MIGUEL ANGEL PEREZ) CATAMARQUEÑO DE SANTA MARÍA, RADICADO EN SALTA. ES DE LOS POCOS QUE QUEDAN DE AQUELLOS COMO CASTILLA, DÁVALOS, EL CUCHI, VALLADARES, AUNQUE UN POCO MENOR EN CUANTO A LA EDAD, PERO DE ESE ESTILO. QUIEN SE VA A OLVIDAR DE "CARTAS A MI CASA" TAN BIEN DICHO POR CHITO, "SI LLEGA A SERTUCUMANA",CON MÚSICA DEL CUCHI, IGUAL QUE "ZAMBA PARA LA VIUDA" O "ES OTOÑO, MANUEL" , "VIRUTA I' VINO"Y MUCHAS OTRAS TAN BELLAS COMO ESTAS.
ACÁ LES ENVÍO UN POEMA DE "PERECITO"
ANOCHE LO NOMBRAMOS
ANOCHE LO NOMBRAMOS
Y HOY APARECERÁ.
AHORA QUE NO VIENE
RECORDARÁN SU SOMBRA LAS CIUDADES
Y PASARÁ APURADO TRABAJANDO A DESTAJO
PERO CON TIEMPO AÚN
PARA DARNOS UN VINO Y SUS NOTICIAS.
TAL VEZ NOS CUENTE UN CUENTO DE MOYANO.
LE VOLARON LA CASA…
QUE VICTOR HUGO CÚNEO TIENE UN LIBRO MUY BELLO.
A BALAZOS DESTROZARON SU CUERPO…
QUE SPILIMBERGO VOVERÁ EN EL OTOÑO.
LO TIRARON A UN POZO…
QUE EDITÓ UNA PLAQUETA CON SU MUERTE
Y QUE SU MUJER LO ARROPÒ CON LAS FLORES
QUE ÉL LE REGALARA AVERGONZADO.
ANOCHE LO NOMBRAMOS
Y HOY VOLVERÁ ESTE ALBERTO.
AHORA DESDE UN POZO,
CON SU BARRO INJURIADO
Y UN HERMOSO POEMA SOBRE SUS OJOS CLAROS.
MIGUEL ÁNGEL PÉREZ
HAY UNAS GRABACIONES EN YOUTUBE POR EJ, DE ESTO ANTERIOR Y OTROS POEMAS, QUE NO LOS SUBO PORQUE NO SÉ COMO HACERLO. TAREA QUE LES DEJO A UDS. PARA COMPLEMENTAR.
CHUCK-

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